Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil
¿Y si el problema no fueran nuestras imperfecciones, sino la forma en que las miramos? Una antigua frase de Joseph Joubert me acompaña desde la adolescencia y, con los años, ha adquirido un profundo significado terapéutico. Una reflexión sobre la sombra, la aceptación y la importancia de aprender a mirarnos —y a mirar a los demás— con una perspectiva más amable.

"Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil"
Esa frase me acompaña desde la adolescencia.
No recuerdo cuándo la leí por primera vez, pero nunca me abandonó.
Es de Joseph Joubert, un pensador francés, y dice así:
"Cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil."
La primera vez que la leí me hizo sonreír.
Con los años, me hizo pensar.
Y hoy, después de tantos años acompañando personas en consulta, creo que por fin la comprendo.
No creo que Joubert quisiera decir que debemos ignorar los defectos de quienes queremos.
Al contrario.
El ojo tuerto sigue estando ahí.
Mirar de perfil no hace que desaparezca.
Lo que cambia es la perspectiva.
Porque cuando miramos a alguien de frente, el defecto puede ocupar toda nuestra atención.
Pero cuando cambiamos el ángulo, volvemos a ver a la persona completa.
Y eso, precisamente, es lo que intento hacer cada día como terapeuta.
Las personas no llegan a consulta siendo ansiedad.
No llegan siendo depresión.
No llegan siendo una adicción, una fobia, un trauma o una baja autoestima.
Llegan personas.
Personas que, además, están atravesando una ansiedad.
O una pérdida.
O un momento de confusión.
Pero nunca son solo eso.
Sin embargo, solemos hacer con nosotros mismos justo lo contrario.
Nos colocamos delante de nuestro "ojo tuerto" y dejamos que ocupe todo el espejo.
"Soy demasiado sensible."
"No tengo fuerza de voluntad."
"Siempre fracaso."
"No soy suficiente."
Y acabamos creyendo que esa pequeña parte nos define por completo.
La psicología llama a esto identificación.
Yo prefiero llamarlo una mala perspectiva.
Porque cuando cambiamos el lugar desde el que nos miramos, ocurre algo curioso.
La herida sigue ahí.
La cicatriz también.
Pero dejan de ser toda nuestra identidad.
Empiezan a ocupar el lugar que les corresponde.
Uno más.
No el único.
Con los años también he aprendido otra cosa.
Mirar de perfil no solo es un acto de amor hacia los demás.
Es un acto de amor hacia uno mismo.
No significa justificarlo todo.
Ni negar nuestras sombras.
Las sombras existen.
Y conviene conocerlas.
Pero integrar la sombra no consiste en vivir obsesionados con ella.
Consiste en dejar de creer que somos únicamente esa parte.
Todos tenemos un ojo tuerto.
Todos.
Una inseguridad.
Un miedo.
Una herida.
Un rasgo que nos gustaría cambiar.
Y, sin embargo, seguimos siendo infinitamente más grandes que eso.
Quizá por eso esta frase me ha acompañado durante tantos años.
Porque me recuerda que la mirada también puede sanar.
Que cambiar la perspectiva cambia la experiencia.
Y que, a veces, el mayor acto de compasión no consiste en cerrar los ojos ante la imperfección...
sino en decidir que nunca será más importante que la persona que la sostiene.
P.D. Desde hace muchos años intento mirar de perfil a las personas que quiero. Últimamente también estoy aprendiendo a mirarme así a mí misma. Y, curiosamente, ese está siendo el ángulo desde el que mejor me reconozco.
Audio gratuito
¿Quieres probar una hipnosis?
Te mando gratis mi audio 'Me Visualizo' — 10 minutos para volver a ti.