Hazte amigo de tus fantasmas

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Terminado un proceso de coaching, mi cliente me envió un mensaje de retroalimentación en el cual me manifestaba que muchos de sus problemas seguían estando allí, pero que su actitud ante ellos era completamente distinta.

 Durante las sesiones trabajamos sobre la importancia de aceptar las cosas tal como son, que muchas veces el desconocer las circunstancias que acompañaban al hecho, hace que tengamos una apreciación sesgada de los mismos.  El hecho en sí no va a cambiar, pero si nuestra comprensión sobre él, y eso nos puede llevar a darnos cuenta que muchas veces magnificamos las cosas porque sentimos que somos nosotros los que hemos fallado, y que hay algo en nosotros que no funciona bien. Una especie de mal karma que vamos arrastrando y que distorsiona todas las experiencias futuras.     

 Muchas veces estamos tan enfrascado en nuestro propio círculo vicioso, rizando el rizo, que no nos damos cuenta de muchas verdades evidentes, y nos sorprende que una persona ajena a nosotros, en este caso un coach, pueda tener una visión más clara de las cosas que nos bloquean en nuestro avance.          

 Esto ocurre porque cuando cambiamos nuestro punto de enfoque y vemos las cosas desde otra perspectiva, todo adquiere una dimensión distinta; y al dejar de ser sujeto y convertirse en mero espectador de nuestra realidad, como si esta le perteneciese a otro, pues somos capaces de desbrozar toda esa maleza de caos que rodeaban al hecho mientras lo experimentábamos.

 En muchos casos, sobre todo cuando es algo que ha acontecido en nuestra infancia, darnos cuenta que la causa no hemos sido nosotros, ya que no teníamos ni voz ni voto ni conciencia para poder modificar las cosas, nos lleva a vernos de modo distinto; la culpa que no tiene razón de ser, se disipa.

 Cuando aceptas que a veces tus problemas han sido producto de las circunstancias, poder entender las mismas, quizás no logre que los puedas hacer desaparecer, pero sí que puedas vivir con ello de un modo más amigable.

Esto me recuerda una historia en la cual un hombre va a ver a un terapeuta porque no puede dormir debido a un sueño recurrente en el cual le persigue un dragón rosa que se lo quiere comer. Tras exponer su caso, el facultativo le dice que no se preocupe, que su caso se resuelve con 6 meses de terapia por un importe de 3000 €.                   

El cliente, sin rastro de expresión en su rostro, se levanta y se dirige hacia la puerta.              El médico asombrado le pregunta: -“Pero oiga, ¿A dónde va usted?”- a lo cual el hombre responde: -“Mire doctor, por 6 meses de mi tiempo y 3000 €, me voy a mi casa a hacerme amigo del dragón”-.

Pues eso, si no podemos matar a nuestros fantasmas, mejor hacerse amigos de ellos.

Valeria Fuster

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