Derecho a sentirte triste

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En estos días de confinamiento que estamos viviendo, me encuentro que, tanto en mis sesiones de coaching con clientes, como con los amigos y familiares con quienes me comunico, que les cuesta manifestar que se sienten, mal, tristes y un poco angustiados.
Cuando comenzamos a hablar y se dan cuenta que están en la queja, enseguida cambian de actitud como si una avispa les hubiera picado en las posaderas, y comienzan a decirme, o más bien decirse, en voz alta: -“No, pero si yo soy un afortunado, que poca empatía, quejarme cuando hay gente que lo está pasando tan mal, con tantos muertos y los hospitales saturados, con los médicos y enfermeros que no dan abasto, y encima ahora se enfrentan al “apartheid” de los mismos ciudadanos a los que están salvando poniendo en riesgo su propia salud. Y las familias con niños en una casa pequeña. Y la gente que está sola…”

Y así un montón de frases por el estilo, que por supuesto, comparativamente, hace que nos sintamos unos desagradecidos ante el hecho de manifestar la queja.
Y yo digo que sí, que todo este discurso es de lo más positivo y efectivo, y una herramienta que solemos usar mucho en gestión emocional; la no queja, el ser agradecido, el darte cuenta de todo lo que tienes, el ser consiente del poder de la palabra y de que ésta, crea tu realidad.
De como el modo en que nos hablemos generará en nosotros un sentimiento positivo o negativo, al cual seguirá una acción, y por ende un resultado que nos llevará a un lugar más agradable, o menos aconsejable según el origen de esos pensamientos.
PNL pura y dura. Y está bien, y es muy efectivo, y si las aplicamos en nuestro día a día nos ayudaran a ser mucho más felices, sin duda alguna.

Pero hoy quiero hablar de la otra cara de la moneda; del ser honestos en como en realidad nos sentimos.
Es completamente normal, no estar sintiéndonos bien, por mucho que nos empeñemos en lo contrario. Y no agravemos aún más el asunto intentando distraer nuestra mente de cómo ese sentimiento, afecta a nuestro organismo. No es desconectándonos de nuestras emociones que afrontaremos esto mejor, ni adormeciéndolos y anestesiándonos con maratones de series de TV.
Cuanto más intentemos alejar ese sentimiento, tarde o temprano se apoderará de nosotros y puede que con más virulencia.
Si te sientes triste y deprimido es normal, si duermes mal, es normal, si sientes angustia es normal, si tienes desasosiego ante la incertidumbre, es normal, si sientes irritabilidad, es normal.
Y no estoy diciendo que te des permiso para volverte loco y entrar en un ataque de pánico porque la situación lo justifique, nada de eso, me refiero a que no pongas resistencia, a que no intentes escapar de lo que te está sucediendo, a que te adentres en ese sentimiento y que, valga la redundancia, te lo dejes sentir, que lo observes desasociándolo de ti, que puedas hablar con él, y comunicarte con esas sensaciones que sientes en tu cuerpo.

Dicen que lo que resistes, persiste. Cuanto más te niegues el sentir, más se acrecentará esa sensación.
Aprovecha este momento tan anormal que nos está tocando vivir, para conectar también con tu mundo interno.
Tienes derecho a estar triste, tienes derecho a tener miedo, tienes derecho a preocuparte. Esas emociones también forman parte de nosotros y si las sabes gestionar, te darán un mensaje de como actuar ante las situaciones.
Pero como bien dice el texto que acompaña este escrito:
“No puedes evitar que las aves de la tristeza vuelen por encima de tu cabeza,
Pero si puedes evitar que hagan nido en tu cabello”. De ti depende….

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